Reflexionemos sobre cómo el tiempo y los acordes que acompañan a tu vida esculpen tu pasado, te acompañan en el presente y determinan tu futuro.
La espera, desespera. Esa búsqueda incansable que a veces nos hace conformistas y despistados. Ese dejarse llevar que nos arrastra al pozo de las esperanzas frustradas.
Abogo por la empatía, por los abrazos a dos manos, por las sonrisas cómplices, por lanzarse a la piscina y no salir hasta que un ciego puede leer tu identidad en tus dedos. Sin embargo, hay momentos en los que nos obligamos a tener una visión objetiva de la realidad, involucrarnos lo menos posible y ser meros receptores de un mensaje que consiga justificar nuestro miedo al fracaso.
Llega un día en el que tus prioridades se plantan, se hacen oír y te dominan convirtiéndote en la persona que algún día quisieras ser.
Tener ideas preconcebidas no es malo siempre y cuando el beneficio de la duda ocupe un lugar privilegiado entre ellas.
Construye tu día a día con los retales, que un día se convertirán, en los hilos con los que manejarás tu vida. Equivócate, rectifica y vuelve a equivocarte, estámpate y rómpete en mil pedazos, deja la puerta abierta, conócete y que te conozcan, ríete de ti y contigo, desengáñate y enamórate, pero sobretodo quiérete como sólo una persona será capaz de quererte.

Me ha encantado el final.
ResponderEliminarUn abrazo.
P.
Es un texto de los que te sacan sonrisas y ganas de empezar un nuevo día. Me quedo con "hasta que un ciego puede leer tu identidad en tus dedos". Sencillamente genial.
ResponderEliminarUn beso, bonita.